sábado, 8 de abril de 2017

Hablemos de terror





Cerré el libro que estaba leyendo al ver a Elena venir hacia mí desde el final de la calle.

Me encontraba solo, en la terraza del bar de Ernesto, disfrutando de las primeras páginas del Resplador, la obra de Stephen King de la que tanto había oído hablar.

Escondí el libro en la bolsa de la compra y me dejé llevar por las emociones.

Ella lucía un pantalón corto muy ceñido y una camiseta que permitía disfrutar de la perfección de su ombligo. Cuando bajé el punto de enfoque, sus movimientos oscilantes apartaron al monstruo que reinaba en mi cabeza de un solo golpe de caderas.

—¡Mira qué suerte la mía al encontrarte aquí! —dijo sentándose a mi lado, y pidió una cerveza a Ernesto, que se había quedado en la puerta para no perder detalle—. Tengo una pregunta que es perfecta para ti.

—¿Por qué? —pregunté después de haberle dado los dos besos de rigor en las mejillas.

—Porque tú eres siempre tan lógico y cabal…

—¡Me alagas, Elena! Pero no te creas todo lo que dicen de mí, a veces mienten.

—¿Qué es lo que te da más miedo?

—El dentista.

—¡No me refiero a eso! Anoche fui al cine con unos amigos. Echaban una peli de terror y salí aterrada, los demás estaban tal cual. Me pregunto cómo es posible que haya gente que no se asuste.

— ¡Esa es una pregunta fácil!, Hay un truco para eso, se trata de mirar al monstruo.

—¿Qué?

—El monstruo no es el que da miedo.

— ¿Te estás quedando conmigo?

—No, quien da miedo es la rubia.

—¿Qué rubia? ¡Yo no he hablado de ninguna rubia!

—¡La rubia que corre delante del monstruo! Verás, el horrible bicho la acorrala, le arranca el pantalón dejando a la vista una porción generosa de curvas y lanza un rugido ensordecedor. La rubia consigue escapar y llegar al final del túnel con el sudor resbalando por la piel. Cuando ya no tiene escapatoria, se gira y nos muestra unos ojos fuera de las órbitas y unos labios hinchados por el pánico. ¡Eso es lo que produce realmente terror! ¿Entiendes ahora?

—O sea, según tu teoría, si nadie corriera delante del monstruo no sentiríamos el pánico apoderarse de nosotros.

—Exacto, y cambiaríamos de canal para disfrutar de un capítulo de Big Bang.

Elena se acercó el vaso a los labios y me miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa picarona.

— ¡Eres un aguafiestas! Ya no voy a poder disfrutar del terror.

—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?:disfrutar del terror. La mayoría de seres humanos se dejan llevar, ¡no usan la lógica! Si lo piensas, es antinatural. Supón por un momento que intentas convencer a un gato para que monte en una montaña rusa, te aseguro que no lo vas a tener fácil. Cuando le digas que solo se trata de una diversión, el animal te llevará al psiquiatra. La mayoría de nosotros, en cambio, montaría.

—¿Tú no?

—No. Prefiero ser gato. El terror no es para las personas serias. ¿Quieres saber lo qué diría un gato sobre los libros de terror?

—No. No es algo que me interese demasiado.

—Pues deberías, los gatos son animales muy listos.

—¡Quién me mandaría preguntar! Venga, cuéntame lo que diría el gato, si no, no te vas a quedar a gusto.

—Que es absurdo torturarse por propia voluntad.

—Pues yo le contestaría que eso me divierte. —El gato no entendería esa respuesta.

— ¿Y qué debería contestarle?

—Que te produce excitación mental.

— ¿De verdad crees que el gato entendería eso?

—Le extrañaría, pero como ese fin justifica los medios acabaría por aceptarlo.

—Me queda claro, las personas serias no se dejan engañar y no miran a la rubia —contestó Elena y husmeó en la bolsa de la compra.

Intenté evitar la tragedia pero no me dio tiempo a detenerla.

6 comentarios:

Publicar un comentario